Debemos comenzar por no renegar de los vicios a los que hoy somos adictos: desde hace años tengo instalado este notebook en una mesa para enfermos junto a la cama, y conectado a la web. Es decir, aquí estoy acostado, pero en mi escritorio de trabajo a la vez, qué promiscuidad. Con tales facilidades, me supera el ocio, mucho ocio: películas, series de comedia, la prensa de cada día, el diccionario de la Rae (usted no me va a creer, pero lo consulto de ocioso) y todas las demás distracciones que uno posee a distancia de un clic.